sábado, 23 de enero de 2010

Las batallas perdidas

¿Y ahora qué? ¿Qué pasa con Oleniok? ¿Plegamos velas? ¿Nos vamos a casa? ¿O nos quedamos aquí, en medio del bosque, a ver qué pasa?
He estado meditando seriamente estos días sobre ello. Con el proyecto en gran medida quemado para subvenciones -al menos en comunidades donde, por procedencia, me era más sencillo obtenerlas-, y con apenas los 650 € que hemos podido reacudar a través de la web para cubrir un presupuesto que, sin el dinero que perdimos y ya sin nada negociado, asciende a unos 80.000 € -realizándolo en las mejores condicones posibles, con copia final en 35 mm, etc...-, la cosa parece estar realmente muy cruda.

Le he dado muchas vueltas a la posibilidad de seguir adelante con el tema a través de internet. Aumentar la apuesta: en vez de ir a por los 30.000 € iniciales, ir a por esos 80.000 €. Prescindir -al menos de momento, dada su comprobada ineficacia en este caso- de las subvenciones como fórmula de financiación. Tratar de levantar el proyecto a través de las contribuciones de los internautas, ir a los medios para tratar de conseguir cierta difusión, y en el caso de que la página obtenga interés, intentar atraer a patrocinadores, transigir en mis intenciones iniciales, mirar lo de vender camisetas, objetos, merchandising, buscar maneras... No sé... explorar hasta dónde se puede llevar, dedicarle tiempo y trabajo hasta conseguir levantarlo...

Pero... ¿80.000 €? Parece a priori demasiado dinero... Cuando lo he hablado con amigos el pensamiento general parece el mismo. Conseguirlo de esa forma se antoja prácticamente imposible. En realidad, meditado todo de forma realista da la sensación de que lo más probable es que nos encontremos ante una batalla perdida.
Y entonces, quizá por no encontrar cosa mejor que hacer, o acaso por la mala costumbre de divagar, me he puesto a pensar en eso: en las batallas perdidas.

Las batallas perdidas desde siempre han ejercido un gran poder de fascinación sobre mí. Supongo que no tiene nada de extraño en un tipo como yo, traumatizado gravemente por las películas: el cine se encuentra lleno de ellas. Ahí está por ejemplo Atticus Finch, solo en Maycomb ante la puertas de la cárcel frente a una turba racista ávida de sangre. O los siete samurais de Kurosawa dispuestos a defender un pequeño poblado del japón medieval contra cuarenta ladrones a cambio de apenas un poco de arroz. O, por supuesto, Jefferson Smith, enfrentándose en soledad a toda la corrupción del capitolio norteamericano, bajo la batuta del gigante Frank Capra. Y así otros muchos casos, seguramente no tan insignes, llenas de personajes que luchaban por un objetivo imposible...



Sí, ya sé que en este fragmento James Stewart a veces se muestra un poco exagerado y el desmayo no acaba de ser totalmente convincente, que todo da la sensación de ser muy ñoño e ingenuo, pero no se precipiten en su juicio. Tengan en cuenta que Capra es uno de los pocos directores, no lo digo en broma, que ha sido capaz de sacar de la ingenuidad y la ñoñería una emoción sublime. Si no me creen vean la película entera. Se te ponen los pelos de punta.
Y es que Capra sabe muy bien que las personas que luchan por esas "causas perdidas" de las que habla James Stewart en boca de Jefferson Smith siempre resultan conmovedoras. Al fin y al cabo defienden las únicas causas que, sea como sea, nunca han sido ni serán oportunistas. La imagen de un soldado herido y magullado, con todos sus compañeros muertos alrededor que, pensadas fríamente todas sus opciones, elige mantenerse firme y con la espada en alto ante el ejército enemigo que viene imparable a aniquilarlo, tal vez no sea un espejo de inteligencia, o de lógica, o de un espíritu práctico de la vida, pero seguramente sí de honestidad. Cuando ves a una persona, equivocada o no, que lucha una batalla perdida, al menos puedes estar seguro de que está peleando por algo en lo que verdaderamente cree. Y lo sabes porque él también comprende que las posibilidades de éxito son prácticamente nulas, incluso aunque no pueda evitar reservar un diminuto espacio en el fondo de su alma para la ingenua esperanza: el milagro que le permita ganar la guerra, en caso de que sea capaz de ser lo suficientemente fuerte para aguantar un poco más.

Con estos antecedentes ustedes ya habrán comprendido que yo siempre haya tenido el deseo de emular a esas personas -o por mejor decir, y sólo por recalcar mi idiotez, a esos personajes- que pelearon sin descanso sus batallas perdidas. Y así, a lo largo de mi vida me he empeñado en luchar las mías, todas y cada una de las que, mayores o menores, se me iban presentando en el camino. Evidentemente lejos de la imagen épica del soldado, las luché torpemente, de forma confusa, a trompicones, más cerca de Woody Allen que de Burt Lancaster... Ni que decir tiene que las perdí. Absolutamente todas. Como buen idiota en más de una ocasión me dejé hasta las lágrimas y el alma por el camino... pero aprendí una valiosa lección, que no por obvia resulta menos importante: los nombres de las cosas están puestos por algo. Eso es lo que explica que las batallas perdidas, como su nombre precisamente indica, no se puedan ganar. El cine está muy bien, otra cosa distinta es la vida. El cine sirve para ofrecernos consuelo, para soñar... Pero lo cierto es que en la vida real Jefferson Smith hubiera sido carne de chiste de viñeta dominical, terminada su carrera política difamado y deshonrado ante sus compatriotas; que entre los restos humeantes de un pueblo medieval japonés habrían siete tumbas de estiércol junto a unos ladrones felices repartiéndose su gran su botín; y que más temprano que tarde las turbas racistas de Maycomb hubieran encontrado la manera de mantener cerrada la boca de Atticus Finch. No nos engañemos. La vida lamentablemente enseña que luchar una batalla perdida es de imbéciles, de absurdos, de ñoños ingenuos. Se encarga de meterte en la cabeza, a golpes si es necesario, que en realidad no es algo que merezca la pena, ni trae otra cosa distinta que frustración o abatimiento.
Y ahora, de nuevo, vuelve a ponerme una delante...


Presentemos batalla pues.

lunes, 18 de enero de 2010

Queda mucho todavía para Oleniok

Como os decía la semana pasada la cosa estaba muy difícil para sacar el proyecto adelante para Marzo. Los peores augurios se han confirmado.
Os cuento un poco lo que ha sido la historia del proyecto hasta aquí:
Lo empezamos a mover a través de los canales tradicionales de financiación de cortometrajes, con el fin de obtener subvenciones que posibilitaran su realización. Para ello planteamos una coproducción a tres bandas, con tres productoras de diferentes comunidades autónomas. Con ello teníamos más posibilidades de obtener la cantidad que necesitábamos.
Lo cierto es que no nos fue mal, y llegamos a obtener dos subvenciones que sumaban unos 34.000 €. Este dinero era principalmente la llave para poder sacar el rodaje adelante en Marzo. Aún así, para dar un salto de calidad mayor en el resultado final, era preciso conseguir más margen económico. Probamos a presentarlo a otras subvenciones, a concursos sobre proyecto, llamamos a televisiones, posibles patrocinadores u otros coproductores que tuvieran la posibilidad de aportar recursos... pero lógicamente en año de crisis todo resultó muy complicado. Finalmente se me ocurrió el tema de la web. Me encerré en casa un mes y saqué la web -que un amigo calificó como "una web con aspecto de los años ochenta si en los años ochenta hubiesen existido las webs"-, con la esperanza de que consiguiéramos el dinero suficiente para sacar adelante el corto que tenía en la cabeza. Aún quedaban unos meses para Marzo, fecha obligada de rodaje por los plazos que imponían las instituciones para la preescripición de las subvenciones, y yo, no sé por qué, me mantenía optimista a pesar de ser consciente de lo difícil que iba a resultar.
Sin embargo, nada más sacar la web, el dinero de las subvenciones empezó a tambalearse. Uno de los coproductores se volvió loco y me llegó a hablar de que quería un beneficio industrial sobre la cantidad concedida en su comunidad. Luego, sobre el presupuesto que habíamos confeccionado, recortó 4.000 pavos que según él, eran gastos que respondían a cálculos precisos y matemáticos que nunca se dignó a detallar, pues me dijo que no tenía por qué ya que eran cosas internas de su empresa. Al enterarse de esta postura el segundo coproductor puso su punto de vista, bastante lógico por otra parte, negro sobre blanco: si el primer coproductor no modificaba sus pretensiones, él se retiraba del proyecto. El primer coproductor se mostraba erre que erre. Por no empeorar la situación el tercer coproductor se mantenía al margen, a la espera de lo que decidieran los demás. Oleniok estaba en un puño, y yo ya empezaba a verlo esfumarse entre la niebla.
El tiempo pasaba, y mientras no se llegara a un acuerdo, no podíamos hacer nada: ni irnos a casa ni empezar a preparar el rodaje. Ambos coproductores hablaron y contra todo pronóstico, decidieron seguir adelante, con recorte de 4.000 € incluidos. Cuando hablé con el segundo coproductor para saber qué es lo que había pasado, y si realmente los argumentos del primero le habían convecido, fue de nuevo muy claro: en absoluto. Si seguía adelante era por mí, para no quitarme las pocas oportunidades que ya sabíamos que iban a quedar para llegar a buen puerto.
Y es que todavía existían escollos por salvar antes de poder dar luz verde a la preproducción -y una sangría de tiempo, letal siempre en estos casos, seguía escapándose sin que pudiéramos comenzar a preparar nada-. El principal problema era un tema burocrático-presupuestario: al habernos fallado el plan de financiación y no haber podido conseguir la totalidad del dinero que habíamos planteado en el presupuesto con el que se aprobaron las subvenciones, se hacía necesario pedir un reajuste del mismo, a la baja, en las instituciones que nos apoyaban -pues sabéis que al finalizar el rodaje hay que justificar facturados ante estas instituciones todos los gastos de la producción hasta cubrir la totalidad del presupuesto acordado-.
Pues bien, finalmente nos concedieron esa reducción, y conseguimos mantener una de las subvenciones íntegra. Sin embargo, con respecto a la otra no tuvimos tanta suerte: junto a la reducción nos recortaron también proporcionalmente la subvención. Ya no había dinero suficiente. Caída una subvención, la otra se hacía inútil. "Fabe y Verno" se venía abajo.

domingo, 10 de enero de 2010

2010

Y llegó el 2010, lleno de imprevistos y agradables cambios, bonitas sorpresas, y también -no todo puede ser bueno- un temido revés. Sí, lamentablemente el revés se refiere a Oleniok. El proyecto entra en la encrucijada. Será este mismo mes cuando se decida, para bien o para mal, su suerte. Y ya les digo que va a ser difícil que podamos levantarlo para Marzo. Muy difícil incluso. Casi imposible. Les mantendré informados.